Soledad Martínez Zuccardi
Directora de Edunt - Para LA GACETA
Una de las escritoras argentinas más originales del siglo XX, Elvira Orphée (Tucumán, 1922-Buenos Aires, 2018) sigue sorprendiéndonos hoy. Además de las siete novelas y los tres libros de cuentos que publicó en vida, dejó dos novelas inéditas, que acaban de salir a la luz en forma póstuma: “Amada Lesbia” (publicada en mayo por Sur y después) y “Basura y luna”, que publicamos desde Edunt y en cuya edición trabajé junto a Flaminia Ocampo, hija de Orphée.
Excluida durante el siglo XX de las denominadas “literatura de Tucumán” y “literatura del noroeste argentino”, por primera vez un libro de Elvira Orphée se publica en la región. Es que un vínculo contradictorio y ambiguo, plagado de tensiones nunca resueltas, une a la autora con su lugar de origen. Si por momentos rechaza la provincia con frases tan fuertes como “el día que me fui de Tucumán fue el más feliz de mi vida” o “en Tucumán no hubiera escrito ni mi nombre”, al mismo tiempo reconoce en ella un costado “inmensamente fascinante”: “crecer en Tucumán me parecía mágico de niña. La provincia y sus supersticiones me dieron un sentido de misterio, una experiencia poética”.
El festival literario más importante del norte celebra la décima ediciónLo cierto es que Orphée se alejó pronto de Tucumán, hasta convertirlo en un universo imaginado con insistencia en buena parte de su obra.
Lo “nuevo”
Escrita durante décadas (en 1970 ya la anunciaba como novela en preparación), “Basura y luna” vuelve a ese universo explorado también en muchos de sus cuentos, en “Aire tan dulce” (1966, su novela emblemática, innovadora y poética), y en “Dos veranos” (1956), su primer libro, con el que realiza una audaz “entrada en escritura” eligiendo el punto de vista de un mestizo pobre, feo y humillado.
Ese juego de aparentes opuestos condensado en el sintagma “basura y luna” es acaso la cifra de la provincia. El espacio de “los terrenos baldíos de mi infancia, con excrementos y luna”, dirá Diana Chalcis, una de las protagonistas de la novela, personaje que evoca, en su afán de absoluto, a la maravillosa Atalita Pons de “Aire tan dulce”. “Basura y luna: síntesis del mundo. Horas radiosas y veloz mal olor”, piensa Diana.
En la contratapa del libro, la investigadora Lucía De Leone afirma con agudeza: “en ‘Basura y luna’, Elvira Orphée construye un escenario provinciano donde la infancia está lejos de ser un refugio de inocencia: es el territorio donde se aprenden y padecen las jerarquías más implacables. A través de los cuadernos cruzados de Diana y Teté, la novela teje una trama de contrastes brutales, marcada por la clase, la lengua, el territorio y el descubrimiento del cuerpo. (…) Pero Orphée no organiza el mundo en oposiciones binarias: hace que basura y luna colisionen y se contaminen. La aparente quietud de la provincia se resquebraja y deja al descubierto cómo la santidad y la repulsión, el gozo corporal y el peso de la mirada ajena conviven bajo un mismo cielo de polvo”.
Protagonista
Admirada por Italo Calvino, elogiada por Julio Cortázar, amiga de Alejandra Pizarnik, Elsa Morante y Leda Valladares, Orphée fue además ficcionalizada por Hugo Foguet en su gran novela “Pretérito perfecto” (1983), en el vívido personaje de la Negra Fortabat, “tucumana pero repugnada”.
FILT, el cine y las letras: la experiencia de transcurrir del teatro al cineEn París trabajó en Gallimard, en Buenos Aires publicó en sellos de prestigio y amplia circulación como Sudamericana y Emecé. Sin embargo, nunca llegó a ocupar un lugar central en la literatura argentina. Quizá por su condición de escritora mujer en el siglo XX: “los escritores ganan premios y tienen sus patotas. Las escritoras no”, afirma ella misma en una entrevista. También, probablemente, por el modo un tanto solitario en que desarrolla su carrera, sin el sostén de instituciones o círculos literarios (si bien ingresa al campo literario porteño por la vía de “Sur” y de Pepe Bianco, Orphée no perteneció al grupo articulado en torno a la revista, ni a otros grupos). O quizá porque su obra no encajaba en las líneas más frecuentadas de los sesenta y setenta: el boom, la llamada “literatura comprometida”, el auge de las escritoras best-seller (Silvina Bullrich, Marta Lynch, Beatriz Guido), o de los escritores del “interior” (Héctor Tizón, Antonio Di Benedetto, Daniel Moyano o el tucumano Juan José Hernández, de quien también fue amiga). Con el tiempo, Orphée sería casi olvidada.
Redescubierta por Leopoldo Brizuela (generoso impulsor de su obra) y por María Teresa Andruetto (que la incluyó en la colección Narradoras Argentinas de Eduvim), Orphée comenzó a ser leída de nuevo en los últimos lustros. A comienzos de 2022 escribí lo siguiente en un homenaje a la autora publicado por la Biblioteca Nacional: “en este último tiempo, cuando se están por cumplir los cien años del nacimiento de Elvira Orphée, creo percibir un incipiente pero fervoroso deseo de volver a nombrarla, leerla, editarla, estudiarla. Como si su obra estuviera despertando de nuevo, resuelta a interpelar el presente”.
Fin de semana con libros y cultura: el FILT vuelve a alojarse en el MUNTEn los pocos años que pasaron desde entonces, ese deseo parece haberse fortalecido. Y Orphée parece haber vuelto a irrumpir en la escena literaria con la potencia de su originalidad, su rebeldía y su poesía. En 2024, el Fondo de Cultura Económica incluyó en su célebre colección Tierra Firme el volumen “Dos novelas”, que reúne “Aire tan dulce” y “La última conquista de El Ángel” (una edición en la que trabajamos con Guadalupe Valdez Fénik). El mismo sello está a punto de publicar los cuentos reunidos de la autora. Y, este mismo año, aparecen “Amada Lesbia” y “Basura y luna”, las dos novelas que habían permanecido inéditas.
Como decía en ese texto de 2022, las lecturas pueden tomar giros imprevisibles. Autores valiosos dejan de ser leídos, son a veces olvidados, o bien vuelven con un vigor renovado, transformando su colocación en el orden literario. Siempre singular y extraordinaria, Orphée sigue regresando. Y asombrándonos.